Hablemos del chocolate

Hablemos del chocolate, esa bebida exótica que tiene la facultad de despertar a la oxitosina en los tiempos donde el amor hace falta y la pasión pueda estar dormida. La bebida que introdujo al pecado en el Edén, porque quiero pensar que esa era la fruta prohibida, tanto que Dios la mantuvo lejos de los creyentes durante más de 1500 años.

Lo cierto en que en estos climas fríos, una taza de buen chocolate calientito acompañado de una pieza de pan dulce realmente quita esa sensación friolenta y evoca reconfortantes recuerdos imposibles de olvidar, ya que es verdad que los sabores se ligan a las emociones y al retomarlos indudablemente estos nos transportarán a cualquier parte en el pasado junto con lo que sentimos en aquellos ayeres.

Y en lo particular, la sensación que me evoca el sentir su suave sabor en la boca, me despierta el recuerdo de aquella piel que tuve en mis labios, una noche fría e insomne, una noche fugaz como el calorcillo que persevera en la panza después de beber de sus labios aquel chocolate, tibio aún, que no puedo olvidar y que evoco cada vez que siento frío y necesidad de esos brazos…

No es difícil recordarte

Recordar que conversamos

Que el sonido de tu voz llenaba el espacio

Y también llenaba los huecos dejados

Por el chocolate amargo que he tragado…

Eres azúcar, miel de abeja virgen

Eres el lácteo agregado al pocillo de barro

Eres el fogón que calienta la bebida

Ahora dulce, tersa, como la propia vida…

Entonces desátame

Libérame de este suplicio mortal

Que me tiene ligado al pasado

Quítame de en medio de este lazo

Que me ahoga bajo el yugo obligado

Y caminemos juntos sin rumbo

Y llegar a no sé dónde, tus piernas quizá

Y meternos debajo de la ropa del otro

Rompiendo los botones que tienes

A manera de candados para llegarte

Dulce travesía de chocolate y miel

Sabor para mis ávidos labios y lengua

Y con los botones y ropa afuera

Seremos libres del sutil tormento

Y cómplices del iluminado peccata

Compartiendo íntimamente la libertad

Fruta degustada entre los labios de los dos

Sin liarnos a nada, solo al instante

¡En que el orgasmo nos convierta libertad!

Y no me perdería en tus ojos

Me ganaría en la dulzura de tu compañía

Como el chocolate amargo

Que se paladea a sorbitos lentos

Primero con la lengua y después, el tacto quizá

Pasando por la tersura de tu textura…

¡La potencia del brebaje otorgando brío

A esa parte de un ser otrora dormido!

Que si fueras chocolate,    

A finas dentelladas tu sabor paladearía

Para que nunca terminara el beso dulce amargo

Que me ponga a suspirar entre tragos

Sentirlo en las venas corriendo, para entonces

¡Prestar atención mis impulsos y no frenar la incitación

De beber de tu cuerpo el elixir enervante

Despedido desde tus labios y por todo tu semblante!

Y si equivocado estoy, repudia con tu voz el hecho consumado

¡O responde igualmente apasionada a tal provocación!

¡Que libídine tengo sobrada y confieso mi pecado

Que al ser de ti abrazado, ganas me han sobrado…!

Sí te voy a besar ¡Que el mismo pecado llevará

Su propia penitencia y recompensa!

©Carlos di Paulo Zozaya

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