Extracto del “Hombre en la ventana”

Devoré el contenido de mi plato como si no hubiera comido nada en días lo qué, a su vez, me dio mucha sed y pedí una botella de agua mineral. No tardó mucho en llegar con ella la amable fondera. La destapé de inmediato y al darle un sorbo y sentir las burbujas del gas en mi garganta sentí ahogarme y una terrible desesperación se apoderó de mí, al grado que la fondera preocupada, acudió a mi rescate a darme palmadas en la espalda que casi me sofoca peor que el agua.

De pronto recordé el sueño que tuve la noche anterior, me encontraba en el mar y el súbito recuerdo de ello parecía como si en verdad lo hubiera vivido:

“El viento soplaba fuerte afuera moviendo todo

Ese viento que aúlla ferozmente en sus embates

Golpeando mí estructura sin cejar en su empeño

Eolo enfurecido arremetía en contra furiosamente

Las olas se levantaban por encima de mi cabeza

Más allá de mis esperanzas crecía el mar encontrado

Y la marea amenazaba con arrastrar la playa donde

Me encontraba de pie resistiendo la tormenta

Esperanza de un haz de luz entre las nubes erigió

Mi mente para finalmente encontrar la salida

Pero el paraje endurecido por la negrura empecinada

Me impidió ver la salida por los medios convencionales

Mi cuerpo cansado y avasallado por tan tremenda fuerza,

Fue decayendo poco a poco sin salvación inmediata aparente

No podía ver mi salida, las nubes cubrían toda esperanza…

La muerte cargaba mi cuerpo yacente entre las olas

El vaivén de la marea cubría seguramente mi rostro

Y el agua salobre indudablemente llenaba mis pulmones

Y que con certeza, yacía yo boquiabierto en ademan

De haber dejado este plano mundano y terrenal

Y los pescadores, al ver mi cuerpo flotando echan redes

Y descubren mi tragedia en un veloz segundo

Había muerto mi espíritu asesinado por la indiferencia

O por exceso de atenciones, eso nunca lo pude saber…

Y en ese estado me encontraba, preso de mi propia impotencia

Cuando las redes jalaron al bergantín mi cuerpo maltrecho

Y entre otros cadáveres menos afortunados que el mío

Impregnaban su maloliente desdén por encontrarme

En su misma situación…

Otros por ser alimento de vida para los críos

Yo por ser seguramente el sustento familiar

De aquellos que sin duda me arrojaron al mar…

Por un momento dude de mi propia muerte

Ya que el sabor salado del agua que me contenía

Pugnaba fuerte en mi boca que entraba a raudales

Pero al querer activar mis pulmones y respirar

Encontré nuevamente la terrible apreciación

De que mi mortandad se había hecho evidente

Aun para mí…

La impotencia inundo mis sentidos ya yertos

Y la concepción de abandonar mi cuerpo y dejarlo

Me impuso un método nauseabundo por ver

De mí mismo los despojos de un ser sin vida

Pero el vómito no se produjo ya que para ello

Se necesita sustancia verdadera y yo en este estado

Y acompañado ahora de los que fueran mi alimento

No producían el estado de satisfacción que en

Otro momento, sustancialmente habría desechado

Por el impulso de las náuseas que ahora sentía

Estas palabras anidaban en mi mente la más cruel de las gestas, del nido de la misma quimera arrancaba de mi un suspiro casi fúnebre, funesto.”

©Carlos di Paulo Zozaya

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