Invierno

El invierno, con la gélida presencia de nubes rosas, cuando el sol palidece ante la densidad del aire, ese frío que recorre las calles en pequeñas muestras de soplidos, donde el Bóreas se entretiene andando sin rumbo fijo, blandiendo sus manos, moviendo a las ramas desnudas de la temerosa vegetación:

La nieve se posaba lánguidamente

Caía suave sobre los dinteles exteriores

Agolpándose contra el vidrio escarchado

Como esperando a que abra mi ventana

Y poder calentarse en el hogar prendido

Pero si entra a mi recinto morirá su forma

Transformada en agua ahora, escurriéndose

Perdiéndose entre las comisuras del suelo

¡Que dieras nieve, por ser amor en la hoguera!

Transformada en líquido que corriera mi rostro

Colgándote de mi nariz en mi cálido pertrecho

Siguiendo las formas protuberantes en mi lecho

Recogida con mi lengua y recorriendo los senos

Acariciando los pezones para finalmente ir

A ser depositada en el lago del ombligo de mujer

Cuyas formas son evidentes debajo de las sábanas

Y es quien comparte mi calidez bajo este techo

No obstante

Eres solo nieve que se resbala por la ventana

Y entrada la tarde serás agua sobre el suelo

Cuando el calor del sol te extinga con sus rayos

Cuando el invierno haya partido de aquí afuera…

 

©Carlos di Paulo Zozaya

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