Día de muertos

Crónica de un altar de muertos improvisado

Buscando aquí y allá, entre tumbas olvidadas y otras muy bien cuidadas. Tumbas ornadas con papel picado y flores de cempasúchil, otras con polvo y hojas acumuladas.

Lo cierto es que no recordaba bien donde estaba la tumba que buscaba. Había ido escasas tres veces, una por cada vez que alguien cercano moría.

Finalmente, al pasar por entre unos pinos, reconocí el pasillo que llevaba al sitio donde descansaban los restos mortales de mis abuelos, su última morada.

Me emocioné mucho al leer en la leyenda de la cripta el nombre de mi familia y sentí como si hubiera llegado a casa después de años de ausencia. Me avergoncé un poco por el estado de la placa que nos separa de nuestros muertos, sin embargo, me senté como lo hacía por las noches en la cama de mi abuela para la última charla del día compartiendo los quehaceres de cada cual y para reírnos juntos de las vicisitudes de la vida; éramos como cómplices del delito de estar vivos y gozar nuestras aventuras y desventuras. Todo esto lo recordé con más ahínco al pie de su descanso eterno.

Me di cuenta entonces de lo importante que fue para mí haber estado con ella hasta los últimos minutos de su vida, porque al llegar a la tumba sentí ganas de derramar llanto no amargo, sino de ausencia, pero me reconforté con la sapiencia de haber gozado cada minuto de la vida que pasé con ella en vida. Tengo tantos recuerdos gratos que me sería imposible enumerarlos todos comenzando ahora y terminando al día de mi propia muerte.

Fueron un par de horas las que pasé sentado reflexionando sobre mi propio existir, cuando los seres que amas se han ido, y desee con todas mis fuerzas que las ofrendas que llevé fueran consumidas por ellos. Que gozaran por este día de los placeres materiales que les recordaran vida y que supieran que mientras yo viviera su memoria sería honrada, transmitiendo estos valores a mis hijos, que fueron quienes arreglaron el altar con las ofrendas que fuimos recolectando por el camino hasta llegar al cementerio y encontrar el sitio donde descansan las amadas memorias.

Y este día no estoy triste, estoy feliz de haber ido a compartir esos momentos con los seres que amé tanto, sobre todo cuando mis vástagos participaron conmigo en toda la emoción de ir al panteón a celebrar el día de muertos, sobre todo cuando uno de mis peques dijo: ¡Este es el sitio de mi familia!

Carlos di Paulo Zozaya

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