Miedo

¿Qué es el miedo?

El miedo es parte del instinto de auto- preservación, es el interruptor que libera un buen flujo de adrenalina y les ordena a tus músculos a activarse para salir huyendo a toda velocidad. No hay nada vergonzoso en escapar del peligro inminente, es el yo animal dictándote cómo proceder para salvar tu vida.

Ahora, el miedo o temor debería estar aislado, limitándose sus apariciones a eventos esporádicos de verdadero peligro, pero cuando el miedo está manifiesto todos los días de la vida, el cuerpo y cerebro tienden a desarrollar tolerancia a las sustancias que nos hacen reaccionar en un segundo y es cada vez más difícil sorprendernos.

Los que hemos vivido en la represión, estoy hablando de los que ahora tendremos entre 50 y 80 años de vida, tenemos clara esta visión del temor constante dentro de los linderos de esta nación. Solo que ahora, el temor se extiende por todas partes toda vez que México está lidiando una guerra (que pudiera ganar): La guerra contra el narcotráfico y la delincuencia organizada.

Hace ya muchos días que publiqué una nota que llevaba por título: ¿Quién hace el trabajo sucio del gobierno?, donde expresaba el otorgamiento de plazas a las pandillas locales y a cambio, éstos a cambio, deben de hacer el trabajo “policíaco” dentro de sus límites, para controlar a los ladrones, violadores y esas cosas y traer una paz relativa al barrio. Sin embargo, para que una plaza cambie, hay un derramamiento de sangre impresionante, porque se subyuga a la fuerza de las armas al cacique anterior y a sus secuaces (no me extraña ni tantito que los tubos del drenaje ahora sean de tamaño descomunal y la ciudad se siga inundando). Este otorgamiento de plazas no son otra cosa que “arreglos” establecidos de cuando la plaza nacional cambia de dueño y por ende le tienen pavor a que un cacique contrario les “tumbe el changarro”, porque otra vez, correrán ríos de sangre desde el norte hasta el sur, donde los ciudadanos comunes no tenemos ni ton ni son en este entierro. Es en este momento que el trabajo de mantener limpia la plaza se torna en un tiradero donde los cadáveres son lo que llenan los botes de basura, las calles, banquetas y alcantarillas (tapándolas e inundando la ciudad). Entonces, cada colonia, barrio, pueblo, ciudad y estado son objetos de compraventa al mejor postor y la gente honrada que vive aquí importan una pura y dos con sal, moneda de cambio en fuego cruzado.

Desde que puedo recordar, el miedo ha sido el verdadero regente en cada rincón.

Ahora, desde la instauración del internet, las noticias vuelan a la velocidad de la luz, sin embargo nada ganamos con enterarnos de las últimas fatalidades si también ha muerto la voluntad a causa del miedo prevalente, eso y la economía que también se desploma cual infartada, haciendo imposible apartar el pensamiento de cómo llegar vivo a la siguiente comida (o sobrevivir a las rutas de camión “certificadas”)

Ahora estamos próximos a las siguientes elecciones y comenzarán los favores, vales de gasolina (porque los de despensa están muy devaluados) y otras artimañas que se ofertan a cambio de un voto. La “guerra sucia” despertará como en cada sexenio y los candidatos vociferarán sus vituperantes discursos sobre los demás contendientes a la plaza mayor, donde la pureza de cada uno no se mide en cuan lustroso sea su pasado, sino en la canción pegajosa que finalmente gana una buena bailada al pueblo mexicano, que siempre sigue esperanzado en tener una vida mejor entre estas fronteras que cada vez más se parecen a una cárcel que una soberanía nacional.

Y sin embargo, el temor prevalecerá aún después de que el nuevo ocupante de la silla presidencial pronuncie su discurso inaugural, porque solo la fatalidad puede predecir que pendejadas se harán en aras de la justicia social, a menos que… a menos que la demanda de drogas y demás chingaderas chuecas disminuya exponencialmente cuando nos demos cuenta de que la causa y el remedio de todo esto, somos los mismos ciudadanos quienes a final de cuentas, vivimos en una democracia… de dientes para afuera, porque el temor es más grande que nosotros mismos, y eso lo sabemos bien los que no terminamos en la barranca de Oblatos cuando parecía tiradero de subversivos…

Somos hermanos de temor de los afganos, los sirios, los colombianos, los irakíes, sur- coreanos, michoacanos (no es otro país pero como si lo fuera), de los pueblos olvidados de África y otros tantos pueblos subyugados a fin de cuentas por el mismo mal, diferentes jugadores, mismo juego, mismos resultados. Y volteamos a verlos sintiendo pena por ellos, de manera condescendiente platicamos sobre la jodidez prevalente en Venezuela, pobres, ELLOS si que están jodidos con un presidente autócrata que se apoderó del petróleo (déjà vu a véc Mexique). Hablamos de Cuba, que tan urgidos están por salirse de la isla que solo el 2% ha intentado escapar (y los que salen, la mayoría ya les anda por regresarse) de un país donde el analfabetismo no existe y tienen el mejor sistema de salud del planeta.

Total, para terminar, “non sequitur codicus ignoramus” y el miedo solo vive en la cabeza.

Carlos di Paulo Zozaya

#dipauloart

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