El buen juez…

“El buen juez, por su casa empieza”

No es de cómo nos percibimos a nosotros mismos, sino de cómo somos percibidos por los demás.

Somos seres sociales, interactuamos con otros seres a distintos niveles, pero siempre estamos en contacto con todo y con todos en algún momento de nuestra existencia.

Si comenzamos a percibirnos cada uno en particular desde nuestro punto de vista, veremos a un modelo singular y a seguir, y nuestra manera de pensar se convertiría en ley, sobre todo cuando comparáramos nuestra forma de vivir con la de los demás, y juiciosamente emitimos un fallo en pro o en con de tal o cual.

Es un engaño cuando somos juez, jurado y verdugo de las causas ajenas, desde el punto de vista social. Es decir, cuando las personas no actúan como según nuestro mejor juicio y hay una fina línea que divide al egocentrismo a la emisión de una opinión sincera y reflexionada.

Conozco gente impositiva, quienes juzgan según su punto de vista y son implacables al castigar lo que según ellos está mal. Esto especialmente se ve en los núcleos familiares inmediatos. Esta gente impositiva son controladores compulsivos, manipuladores profesionales, que sienten que si todos hicieran lo que ellos dicen al momento en que se dice, el planeta entero funcionaría excelente, y no están dispuestos a admitir lo contrario por ninguna circunstancia. Estos seres carecen de auto- reflexión.

Ahora bien, todos los seres humanos estamos dotados de la capacidad de reflexionar, de cuestionar los motivos de cualquier acción propia, y es ese acto sobre el cual me centraré hoy, sin intención impositiva, más bien, una opinión.

El acto de auto reflexión es importante porque permite a las personas ser mejores cada día, en base a repasar las acciones diarias y detectar las fallas comparadas con lo que conocemos que está bien o mal.

Ahora bien, toda vez que vivimos en sociedad, estas reflexiones son afectadas por el pensamiento colectivo, entonces, de una manera u otra, convergemos todos y de esta manera, lo que le afecta a uno, le afectará al grupo en su totalidad y el grupo responderá empáticamente.

Regresemos a la gente impositiva:

En el más extremo de los casos, la gente impositiva utilizará cualquier método, por grave que este fuere, para imponer su forma de pensar, que es según ellos, lo mejor para todos, o lo mejor para ellos y lo proyectan al resto de la sociedad, y la sociedad debería sambutirse esta doctrina y recitarla antes de cada comida, reemplazando el “amén” por un potente “¡Si señor!” (o señora)

Ahora, desde el punto de vista filosófico, y retomando al todo (a la raza humana), lo que ocurre en un país, afecta al globo completito. De la misma manera, si barro yo mi pedacito de banqueta, contribuyo a que toda la cuadra esté limpia, sin egoísmos ni cavilaciones típicas del porqué él o ella no lo hacen, yo tampoco… o si él o ella no pueden, jodidos ellos porque yo si puedo.

Deberíamos de cambiar el ellos por nosotros, basándonos en la enorme capacidad que tenemos de reflexionar y de sentir empatía; dejar de elegir líderes impositivos, reflexionar antes de sufragar a favor de cualquier candidato y educar nuestras decisiones basados en el bien común para que la realidad en la que vivimos TODOS cambie a favor de las masas y no solo de unos pocos.

Se habla mucho del bien social, sin embargo, lo socialmente urgente, como es la salud, la alimentación y servicios básicos, están fuera del alcance del bolsillo de más de la mitad de los seres humanos pero sobre todo los servicios de salud, desde que se convirtieron en un negocio muy lucrativo. Solo que esto no acaba ahí, se diría que sale más barato morirse que pagar las cuentas de un hospital, empero creo que cuesta más o menos lo mismo, cuando no se tienen los recursos ni para uno o el otro.

Estamos inmersos en la imposición más que en la libre elección. Entre menos reflexivos seamos, mayor la actitud impositiva de los gobiernos o cualquiera que desee manipularnos o subyugarnos, como se hace actualmente con el encarecimiento de la canasta básica o inflación.

Es cierto que cada vez costaría más trabajo la obtención de la materia prima para subsanar las necesidades de todos nosotros, si siguiéramos haciéndolo manualmente, sin embargo, según progresan nuestras necesidades, progresa la tecnología para acortar las distancias entre los productos y el mercado. Entonces, estamos mejor hoy que hace 100 años, por lo tanto, la inflación es una manera de manipular, de controlar, toda vez que hoy cuesta menos trabajo conseguir las cosas y la tecnología debería abaratar los productos y no encarecerlos y esto nos está afectando a todos, y la sociedad en general no tiene “tiempo” para reflexionar y solo admite como un mal necesario el alza de los precios y para subsanar el trastorno de la cartera quincenalmente, se toman otros empleos para “vivir mejor” sólo monetariamente, disminuyendo la calidad de vida en tiempo del hogar.

Sufren las familias, el padre o madre, o ambos y toman roles de mártires y exigen a sus hijos que les dejen descansar y no molesten porque están cansados ya que todo lo hacen por ellos, méndigos ingratos y ahí comienza la imposición, porque los hijos pequeños no entienden porque sus padres les dan todas las comodidades modernas pero no lo que requieren verdaderamente y esto es tiempo de amor. Ahí es cuando nos enseñamos a yuxtaponer caricias por celulares que cuestan 100 veces más de lo que vale producirlos. Por su parte, los niños se auto educan por medio de redes sociales, chats, juegos virtuales, etc. distanciándose aún más de la cualidad reflexiva.

Entonces, los núcleos sociales son víctimas de la imposición, pero a su vez, los controladores o manipuladores quieren castigar a los padres de familia por que sus hijos han obrado mal, se han salido del “plan” maestro que se tiene para el “progreso de todos”.

Ahora, el futuro no es sombrío, mientras la sociedad recupere su capacidad de reflexionar y accione como un todo, una máquina bien lubricada donde cada parte realice la tarea que le corresponda. Hay que leer, documentarse, salirse del modo de vida trivial y sin consecuencias, hay que retar al destino, si así se quiere ver.

La cultura no está fuera de nuestro alcance. Si bien es cierto que las redes sociales sirven para pasarla bien un rato, también hay cosas de interés que podrían cambiar al mundo, nuestra realidad, siempre y cuando tomemos como propias las áreas de oportunidad para mejorar de todos los seres humanos en conjunto. Experimentar en cabeza ajena y no repetir lo pasado una y otra vez por ignorancia.

El buen juez por su casa empieza, pero sin castigar a otros o auto flagelarse por los errores del pasado, sino reflexionando sobre todas las cosas que podríamos estar haciendo bien y una de las muchas cosas que se me ocurren para comenzar, es no permitiendo que los gobiernos y gobernantes se impongan a la voluntad popular, ya que la conciencia colectiva tiene la razón la mayoría de las veces y si no, ya habrá tiempo de recapitular y aprender de los errores, que las naciones como los individuos, cuando trabajan en conjunto, siempre salen adelante victoriosos.

Carlos di Paulo Zozaya

#dipauloart

 

 

 

 

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